jueves, 7 de junio de 2012

El padre de los Vendavales desde Chile...


 Querid@s tod@s:
Intuyo que comprenden la alegría que supone para mí ver que de nuevo se alza en el orbe la sombra enérgica y unánime del vendaval. ¡Qué frase, señor, qué frase! Bueno, vale: voy a resumir un poco el tema este de los vendavales porque si no, los críticos del futuro se van a hacer un lío del tres. El primer vendaval, llamado justamente VENDAVAL DE MICROS 2010, lo organicé yo desde una gasolinera de Valdivia (Chile). Esto sucedía un precioso domingo de invierno, 20 de junio; y cómo uno no tiene más que ocho manos, sólo alcancé a publicar 70 micros en las dos horas que duró la cosa. ¿El premio? Más de 4.000 clicks que, a fuerza de chispazo, le dieron vida al niño. ¿El niño? Sí, en ese momento me di cuenta de que teníamos un niño, un bebé colectivo al que naturalmente había que cuidar entre todos. Los primeros que se ofrecieron a ello fueron Alberto Flecha, Manolo Ferrero, Alejandra Ventura, Teresa García y Xurde quienes, seis meses después, el 28 de diciembre de 2010, amamantaron al chaval en Divernodia, una cafetería de la ciudad de León (España). En el llamado FILANDÓN 3.0 participaron también Francisco Flecha y Gabriel de Biurrun (Propílogo) que recorrió las gélidas estepas castellanas para conocer en persona a su tierno vástago. Otros, mucho más precavidos, participaron vía streaming, pues en esta ocasión el vendaval fue teletransmitido para el mundo entero. ¿Cifras? Bueno, las cifras no las tenemos porque alguien hackeó la página; pero lo digo yo: fuimos muchos y nos reímos mazo. El tercer fenómeno se llamó VENDAVAL DE MICRORRELATOS 2011 y lo organizaron desde diversos puntos de España –ojo con la logística–: Marina de la Fuente, Daniel Gallego, Maite García de Vicuña, Fernando Vicente y Ángeles Sánchez, a quien se debe la idea de conmemorar el microrrelato en la fecha de los solsticios: el 19 de junio de 2011, también domingo, la criatura bramó de nuevo, y tuvieron que acudir a aplacar sus muchas hambres más de seiscientas personas desde diecinueve países. ¿Gasto? 113 micros. Y «tras el vendaval –son palabras de Fernando Vicente– se editó un pdf, descargable gratuitamente, con todos los micros recibidos. Se editaron dos copias en papel: una se envió a la Microbibiloteca de Barberá del Vallés y otra a la Biblioteca Municipal de Palmerston North (Nueva Zelanda) por ser el lugar más lejano sobre la superficie de la Tierra al que lo podíamos enviar.» O sea –y esto ya lo digo yo–, que si hubieran podido mandar una copia a Ganímedes, lo habrían hecho. Para que ustedes vean cómo es esto. Pausa. No, para que ustedes vean cómo es esto, les invito a asistir a este nuevo despertar del nene. Digo bien, el nene, porque esta vez la criatura se puso a pestañear en Argentina, al amparo de la siempre hiperactiva TRIPLE C. ¿Se imaginan –¡alcanzan a imaginarse!– lo que puede resultar de todo esto? Armagedón es palabra que se le queda chica. O, dicho de otro modo, ¿por qué esperar al mes de diciembre si se puede disfrutar del fin del mundo medio año antes? Bueno, me voy al refugio.
Un abrazo,
PABLO GONZ

14 comentarios:

Rosa dijo...

Afilando la pluma...

Besos desde el aire

Patricia Nasello dijo...

Ah qué me has puesto los pelos de punta, Pablo. Qué responsabilidad! y qué emoción y ansiedad y expectativa y este cosquilleo en las tripas que anuncia un VENDAVAL fuerte, de los que te obligan a agarrarte del tronco del árbol más grande. Y cerrar los ojos, y escuchar las palabras que ya vienen llegando...

Sandra Montelpare dijo...

Gracias, Pablo!! ¡Qué emoción ser parte de esta movida literaria! Y como bien dice Patricia, una responsabilidad enorme. Entonces, a prepararse para que los soplos lleguen a todas partes. Saludos van!

depropio dijo...

Gracias, Pablo, por la reseña. Un apunte: lo cierto es que valoramos la posibilidad de enviar los micros al espacio a través de señales de radio (dos de los organizadores del Vendaval 2011 son ingenieros de telecomunicaciones), pero no encontramos ningún radiotelescopio barato en ebay. Además, ¡vaya factura de electricidad.
Un saludo.
PD No bromeo, se pensó en ello...

Anita Dinamita dijo...

Esto sí que es calentar motores!!!
Vamos que nos vamos para Argentina en un vendaval!
Abrazos

Sara Lew dijo...

Yo ya tengo preparadas las alas. Ahora a esperar a que venga ese vendaval y que me lleve volando...
Abrazos a todos.

Pablo Gonz dijo...

No lo dudo, Fernando, y eso me preocupa ;)

Ana dijo...

Nerviossss, téndré que preparar algo decentillo,
Ana

Yashira dijo...

Fantástico, me ha encantado conocer la historia de los vendavales, esos bebés que tan bién nos has presentado, no sé si sé de qué va esto, pero aquí estoy también. Gracias por explicarlo Pablo y abrazos para todos

Pilar dijo...

Llegan dulces soplos que levemente despiertan las aletargadas palabras que volaran en desvandada.
Veré como poner orden a este torbellino que se avecina.
Saludos y felices vientos a todos!

Maite dijo...

Con el vendaval solo se trata de dejarse llevar, lo demás...simplemente, ocurre. A disfrutar todos!!

GRACIELA BARBAS C dijo...

veremos que se me ocurre para este vendaval saludos a todos

GRACIELA BARBAS C dijo...

QUE NERVIOS!!!!!!!!!!

Salomé Chulvi dijo...

Feliz de oxigenarme y que el viento me sacuda la inercia. Besitos a todos listos con su fuelle.